Lucas 1,1-4;4,14-21

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«Ilustre Teófilo: Puesto que muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han cumplido entre nosotros, como nos los transmitieron los que fueron desde el principio testigos oculares y servidores de la palabra, también yo he resuelto escribírtelos por su orden, después de investigarlo todo diligentemente desde el principio, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido. En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan.

Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el rollo del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido.

Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor». Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que lo ayudaba, se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él. Y él comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír».

Reflexión: Por el Servicio de Animación Bíblica de la Diócesis de Ciudad Guayana. Responsable: Luis Perdomo.

En este Tercer Domingo del Tiempo Ordinario la Iglesia Universal celebra, el Domingo de la Palabra de DIOS, instituido por el Papa Francisco, en su Carta Apostólica en forma de «Motu Proprio» titulada «Aperuit Illis» publicada el 30 de septiembre del 2019, memoria litúrgica de San Jerónimo. El título de esta Carta Apostólica se basa en el pasaje bíblico del capítulo 24 de San Lucas, en el que se describe el gesto de Jesucristo a los discípulos con el cual «les abrió́ el entendimiento para comprender las Escrituras». «Dedicar concretamente un domingo del Año litúrgico a la Palabra de Dios nos permite, sobre todo, hacer que la Iglesia reviva el gesto del Resucitado que abre también para nosotros el tesoro de su Palabra para que podamos anunciar por todo el mundo esta riqueza inagotable», así escribió el Papa Francisco.

 Y la liturgia diaria nos presenta el Evangelio de Nuestro Señor JESUCRISTO, Según San Lucas capítulo 1, del verso 1 al verso 4, y del capítulo 4 del verso 14 al verso 21. Es una lectura poco común, ya que está estructurada por dos textos diferentes pero complementarios, que logran dar una visión total de la tradición Lucana. Allí encontramos el prólogo y la intención del Evangelista y luego presenta a JESUCRISTO con la Impronta Profética y Mesiánica. En la primera parte Lucas describe cómo fue su trabajo de investigar los hechos de la Vida de JESÚS y de la Iglesia. Recoge las Tradiciones incluidas en los escritos de Marcos y Mateo y de lo que se decía de JESÚS en la comunidad cristiana primitiva.

En la segunda parte, Lucas sitúa a JESÚS en la sinagoga de su pueblo, Nazaret. Allí inicia Su Misión Profética. Proclama la lectura del Libro de Isaías, donde se expresa que en Él se cumple las Escrituras, y empieza el camino de la liberación de los cautivos de la vida, en consonancia con lo que DIOS les había prometido a los judíos: el Mesías. Aquel que habría de desatar, uno tras otro, los lazos que impiden al hombre vivir la vida en la plenitud que DIOS quiere. «Vendrá el Mesías» dice Isaías, y se «alegrarán los ciegos, los cautivos, los pobres, los oprimidos, los sordos», en definitiva, todos los que no saben, no pueden o no los dejan vivir la plenitud de la vida.

 Por eso es que DIOS, TRINO Y UNO, Se Encarna en la Persona de JESÚS y se hace presente en la Sinagoga de Nazaret para proclamar: «Se acabó la espera, todas las promesas que había escuchado a través de los profetas se cumplen HOY. Yo Soy el Hoy de la Salvación para ustedes y para toda la humanidad». Y es que JESÚS, define de una vez Su Misión, que es de Gracia y no de exclusión, de Perdón y Misericordia y no de condenación, por eso proclama el AMOR Gratuito de DIOS a toda la humanidad.

Tal aseveración en un principio causó mucho asombro en los judíos, para después convertirse en escándalo, en primer lugar, porque ellos creían que la promesa era solo para ellos, y que además era una liberación solo terrenal, JESÚS les aclara que, la Promesa, va dirigida a toda la humanidad, y que no es solo liberación de males terrenales y transitorios, sino que va más allá, va a la liberación de las perversidades espirituales que son los que hacen más pesados los males terrenales.

 Al confrontarnos con el texto, y decir que HOY se cumple para nosotros la Palabra de DIOS, significa sobre todo el cumplimiento de la Palabra Profética Anunciada por JESÚS, que quiere a través de nosotros, cristianos de hoy, proclamar a toda la humanidad, un Tiempo de Libertad, de Justicia y de Gracia, en el que no se contempla un pasado cumplido, ni un sueño más en un futuro extraordinario, se vive el tiempo presente como un momento privilegiado para la venida del Señor. Es el «Aquí y ahora» escatológico de nuestra Fe cristiana.

Ya que solo él que ayuda a los enfermos, desvalidos y menesterosos, el que libera a un semejante de cualquier yugo terrenal o espiritual y Anuncia el Evangelio con sus palabras y testimonio de vida, es el que ha entendido «el aquí y el ahora» de la Enseñanza de JESÚS. Por eso es que HOY, cuando hay tanta nostalgia por el pasado, tanta frustración y sufrimiento por el presente y tanta incertidumbre por el futuro, en vez de hacernos preguntas, queremos percibir en silencio el mensaje que nos transmite el Salmista: «Si hoy escuchas mi voz, no endurezcas tu corazón» (Sal 95, 7-8), para comenzar actuar según los Designios de DIOS.

 Señor JESÚS, ayúdanos a entender plenamente el HOY de Tu tiempo de Libertad, de Justicia y de Gracia, y los que estemos sordos abramos plenamente nuestros oídos y ablandemos nuestro corazón ante el sufrimiento de un pueblo que clama en silencio el respeto a sus derechos elementales. Amén

 

Luis Perdomo