
El Gobierno del presidente Donald Trump parece dispuesto a permitir que caduque este jueves el tratado New START, último acuerdo nuclear en pie entre EE. UU. y Rusia, que limita a 1.550 cabezas atómicas operativas y 700 misiles de largo alcance por lado.
Aunque Trump respalda públicamente sus límites, él y su equipo prefieren un pacto renovado que incluya a China, cuyo arsenal nuclear crece rápidamente y se proyecta en 1.000 ojivas para 2030. Rusia ofreció extender el acuerdo bilateral, firmado en 2010 por Obama y Medvedev, pero Washington lo rechaza por considerarlo obsoleto.
En seminario del Instituto Stimson, Fiodor Voitoloski (Academia Rusa de Ciencias) dudó de involucrar a Pekín, cinco veces inferior en armas desplegadas y reacio a límites. Scott Sagan (Centro Seguridad Internacional) atribuyó la postura de Trump a rechazar legados demócratas, priorizar temas domésticos y voces asesoras que ven oportunidad para mayor disuasión.
Matthew Bunn (Harvard) ve el fin como «pausa» en control de armas, no colapso, pero urge pacto multipolar con foco en tecnologías como IA integrada en arsenales. Dimitri Stefánovic (Rusia) alertó sobre capacidades estadounidenses para destruir silos rivales con armas convencionales, rompiendo la «vulnerabilidad mutua» y acelerando la carrera armamentística global.
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