En un ambiente cargado de espiritualidad, el Colegio Loyola-Gumilla clausuró su Semana de la Identidad con la puesta en escena del musical «Ignacio — El Peregrino de Dios».
Esta pieza, nacida del corazón del Padre Alejandro Vera, representó el broche de oro para una jornada dedicada a cultivar las dimensiones pastorales y culturales que definen a la institución bajo la luz de la espiritualidad ignaciana.
El origen de esta obra es tan íntimo como inspirador. Durante años, el Padre Vera mantuvo sus composiciones en privado, fruto de sus reflexiones personales desde la juventud. Fue el contexto de la pandemia lo que impulsó la transición de estos «talentos ocultos» al escenario.
Tras años de resguardar sus letras, y con el aliento de amigos cercanos, decidió compartir este don con la comunidad, transformando su experiencia de Dios en una narrativa artística de gran alcance.
«Peregrino»: Ocho estaciones de fe
En esta ocasión, el Padre Alejandro Vera, en colaboración con el talentoso músico Daniel Torres, presentó su segunda producción titulada «Peregrino».
Esta obra musical narra la historia de conversión de San Ignacio de Loyola a través de ocho canciones que invitan al público a un viaje de reflexión. La pieza central, que da nombre a la producción, relata el momento crucial en el que el santo decide caminar y seguir a Dios, dejando atrás su antigua vida.
Durante la presentación, sobresalieron temas clave como «Rindiéndome en ti», que aborda la desolación y la búsqueda de respuestas cuando el ser humano se siente alejado de lo divino.
Asimismo, la canción «Somos Espíritu» ofreció un diálogo profundo entre el buen y el mal espíritu, reflejando la lucha interior que enfrentó Ignacio y que resuena en la vida de cada creyente. Vera y Torres interpretaron ambas piezas con una pasión que conmovió a los asistentes.
El legado de Íñigo sobre las tablas
Esta es la segunda vez que se estrena este musical, el cual ofrece una mirada renovada sobre cómo Ignacio constituyó la comunidad de Jesús. La interpretación liderada por Vera y Rodner logró conectar la historia del siglo XVI con los desafíos actuales de los padres y representantes presentes.
Finalmente, el corazón de la velada fueron los estudiantes del colegio, quienes asumieron con maestría la actuación y el canto.
A través de sus voces, el musical se convirtió en un testimonio vivo del esfuerzo del equipo de identidad por sembrar propósito, celebrando la herencia de un peregrino que, siglos después, sigue guiando a las nuevas generaciones hacia la misión de Dios.
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