“En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesárea de Filipo; por el camino preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que soy yo?». Ellos le contestaron: «Unos, Juan el Bautista; otros, Elías, y otros, uno de los profetas». Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?». Tomando la palabra Pedro le dijo: «Tú eres el Mesías». Y les conminó a que no hablaran a nadie acerca de esto. Y empezó a instruirlos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser reprobado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días». Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Pero él se volvió y, mirando a los discípulos, increpó a Pedro: «Ponte detrás de mí, ¡Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios! Y Llamando a la gente a la vez que, a sus discípulos, les dijo: «Si alguno quiere venir detrás de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará”.

Reflexión: Por el Servicio de Animación Bíblica de la Diócesis de Ciudad Guayana

 En este Vigésimo Tercer Domingo del Tiempo Ordinario la Iglesia Universal celebra la fiesta entre otros santos, en honor a San Guido, campesino, conocido por su piedad y la responsabilidad en el trabajo. Los domingos tocaba las campanas de la Iglesia y recogía la colecta. Convertido en sacristán por su respeto a las cosas de DIOS. Es uno de los pocos sacristanes santos y por lo tanto es el patrono de los sacristanes y cocheros.  

Y la liturgia diaria nos presenta el Evangelio de Nuestro Señor JESUCRISTO, Según San Marcos capítulo 8, del verso 27 al verso 35, en el que se nos presentan dos acciones de JESÚS, la primera es un diálogo íntimo con Sus discípulos y luego se dirige a la multitud para aclararles las ventajas y desventajas que acarrea el tomar la decisión de seguirlo. En la primera parte JESÚS interroga a sus discípulos sobre el parecer de la gente y de ellos mismo, entorno a su persona. Pedro en nombre de todos responde que Él es el Mesías. JESÚS, lo manda a callar, porque su respuesta puede suscitar sentimientos nacionalistas y triunfalistas. Ya que en aquel tiempo la gente esperaba la llegada del Mesías, unos lo esperaban como un rey, otros como un guerrero, un sacerdote, un juez o un profeta.

Ninguno parecía esperar un Mesías servidor y sufriente como el descrito por Isaías 42,1-9. JESÚS, anuncia que Él es el Mesías del Amor y del servicio, por eso reprende cualquier duda ambiciosa de los discípulos, de allí la repuesta tan dura que le da a Pedro, ya que su satanismo está en concebir un Mesías desde el poder y el dominio y no desde el servicio que pasa por la Cruz y la Resurrección.

Previamente el Maestro les había dado una larga explicación sobre el significado de la Cruz, para ayudar a sus discípulos a descubrir el tipo de Mesías que Él quiere encarnar. Sin embargo, la ceguera de los discípulos les impide entender el discurso de JESÚS, sobre el sufrimiento, Su Pasión, Muerte y Resurrección. Por eso, desde el Amor a Pedro, es también capaz de corregirle con firmeza, para que corrija la visión que tenía de Su Misión, dándole un mensaje bien claro y sin rodeo a todos aquellos que decidamos seguirlo: “el que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, tome su cruz y me siga. Pues el que quiera asegurar su vida la perderá, y el que sacrifique su vida por mí y por el Evangelio, la salvará”.

Al confrontarnos con el texto, podemos inferir que hoy es un buen día para reflexionar sobre la imagen u opinión que tenemos sobre JESÚS. Ya que es muy fácil quedarse solamente con una de sus facetas. JESÚS, según la Palabra, es el enviado del Padre, el Hijo del hombre, hermano de todos, el Maestro de vida, el Sanador de los necesitados, el Cordero entregado y el Señor del mundo. Todo eso, como puente hacia el Padre y como inaugurador del Reino.

Entendiéndolo de manera integral ya que, después de veintiún siglos, Él quiere seguir instruyendo a sus discípulos, en el día a día de nuestro caminar, para que continuemos Su Misión. Donde el servicio y el sacrificio sean las premisas para ir al encuentro del otro, y así podremos experimentar grandemente el poder de DIOS, no para el usufructo personal, sino para el deleite de nuestro Creador que quiere conglomerados humanos donde reine la Paz y la Fraternidad, y en la que cada uno ponga su parte: “amándonos los unos a los otros”.

Señor JESÚS, haz que aprendamos cada día, a caminar detrás de Ti, como tus auténticos discípulos, viviendo el misterio de la Cruz a través de la donación continua de nuestra vida a nuestros semejantes. Amén.

Luis Perdomo