Los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán Cortina 2026 apagaron este domingo la llama olímpica como broche de oro a 19 días de competición, de emoción, de polémica y de anécdotas vividas en 22.000 kilómetros cuadrados de superficie, en un evento ya histórico no solo por haber sido el más vasto, sino por haber contado con dos pebeteros oficiales que custodiaron el fuego sagrado portado desde Grecia.
Italia quiso cerrar sus grandes Juegos con una temática sutil, con la misma delicadeza con la que abrió la competición en San Siro, aunque con una ceremonia mucho más ligera.
Esta vez reunió a todos los atletas en el anfiteatro romano Arena de Verona para un último desfile, para un último homenaje que, además, sirvió para entregar el relevo a los Alpes Franceses 2030.
Al igual que en la ceremonia de apertura, enfatizó en la conexión entre la ciudad y la montaña, entre Milán y Cortina d’Ampezzo, dos huéspedes que acogieron la mayor parte de un evento que en realidad contó con hasta seis villas olímpicas repartidas por todo el territorio del norte de Italia.
Artistas como Achille Lauro, Manuel Agnelli y Roberto Bolle, así como el chef Davide Oldani y el alcalde de Verona Damiano Tommasi, exjugador del Levante, entre otros equipos, participaron en la exhibición inicial.
En la grada, personalidades e instituciones siguieron el evento, encabezadas por Giorgia Meloni, presidenta del Gobierno italiano.
Homenaje a la ópera italiana
Un homenaje a la gran tradición de la ópera italiana dio el pistoletazo de salida, con la famosa aria de La Traviata de Giuseppe Verdi ‘Libiamo nei lieti calici’ (Brindemos con copas alegres). Homenajes también a Rigoletto, Fígaro, Madama Butterfly y Aida: el Arena de Verona llevó a escena todo el repertorio de la gran ópera italiana.
Sin olvidarse de aquellos que abrieron camino, Maurilio De Zolt, Marco Albarello y Silvio Fauner, campeones olímpicos de esquí de fondo (relevo 4×10 km, Lillehammer 1994), portaron la llama olímpica al centro de la escena, justo antes de que comenzara el desfile final de atletas, momento siempre emotivo y fundamental en las ceremonias de apertura y clausura.
Hubo tiempo también para celebrar a los atletas que ganaron medalla en los 50km de esquí de fondo, prueba emblemática de unos Juegos de Invierno. La sueca Ebba Andersson fue oro en la prueba femenina, mientras que el noruego Johannes Klaebo, dominador del evento italiano, lo fue en la masculina.
Después de los discursos institucionales de Giovanni Malagò, presidente de la Fundación Milán Cortina 2026, y de la zimbabuense Kirsty Coventry, presidenta del Comité Olímpico Internacional (COI), que clausuró oficialmente los Juegos, llegó el momento de apagar los pebeteros.
En Verona, Arianna Fontana, patinadora de velocidad sobre hielo, deportista histórica italiana al ser la más laureada con 14 medallas olímpicas, sostuvo la llama olímpica en el momento en el que se consumió. Los de Milán y Cortina se apagaron de manera simultánea, también.
Y así, Milán Cortina 2026, el evento histórico por sus grandes distancias, por su apuesta por la paridad, por sus dos pebeteros, echó el telón definitivamente.
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