Paredes de la escuela básica bolivariana se hallan inundadas de hongos por las goteras en el techo. Foto: Níger Martínez

En sector La Rinconada, parroquia Simón Bolívar, con más de 60 años de historia a cuestas, los habitantes caminan entre calles agrietadas y un abandono que parece eterno. Uno de los problemas más graves que azota a esta comunidad es el avanzado deterioro de la Escuela Nacional Bolivariana Cacique Guaicaipuro, un plantel que resiste como puede, sostenido solo por el esfuerzo colectivo de padres y vecinos.

Durante un recorrido por el barrio El Rinconada, los residentes no ocultan su frustración. «No es justo que este sector con más de 60 años de fundado tenga demasiadas deficiencias con los servicios básicos», exclamó un transeúnte que prefirió el anonimato, mientras señalaba el estado deprimente de las vías. Dicen que La Rinconada es uno de los sectores más abandonados por los gobiernos de turno.

Limitado a una sola entrada y salida, el barrio está sitiado por la quebrada que desciende desde Colina de Pinto Salinas y desemboca en la Laguna Las Delicias. Cuando las lluvias arrecian, el cauce se desborda e inunda las instalaciones escolares, convirtiendo el plantel en un sitio inhabitable para las clases.

El Colegio Fátima, La Hoyada y San Rafael lo rodean dicho vecindario, y a un costado de la avenida Antonio de Berrio yace un edificio fantasma: construido entre los años 1960 y 1970 por una fundación como biblioteca, nunca se concretó el proyecto y terminó invadido.

Acuedo Condes, un residente, resume el día a día: “la luz se va intermitentemente, como en otros barrios; el agua escasea y las guayas de alta tensión del tendido eléctrico chocan con frecuencia, provocando cortocircuitos”.

Paredes que electrocutan

La Escuela Nacional Bolivariana Cacique Guaicaipuro -antes conocida como Escuela Nacional La Rinconada- es testigo de un único cambio visible; su nombre. Las paredes dan corrientes porque el cableado eléctrico es el mismo de hace más de 57 años. Padres y representantes, en un acto preventivo, han improvisado sus propias instalaciones, una maraña de cables que parece tela de araña para evitar tragedias.

Carmen, madre de uno de los estudiantes, denuncia con voz alarmada: «Al encender un bombillo se producen cortocircuitos». El cableado corre por tuberías de acero incrustadas en las paredes, sin interruptores a la vista; los cables de alta tensión emergen directamente de los cajetines eléctricos. El agua por tuberías es un recuerdo lejano: colapsaron por los años. Los baños funcionan a medias, paredes invadidas de hongos por goteras del techo en época de lluvias.

Los vecinos coinciden: “es el sentido de pertenencia de los educadores lo que mantiene en pie la escuela”, confiesan.

Silencio oficial y esfuerzos comunitarios

El equipo de soynuevaprensadigital.com intentó dialogar con los directivos del plantel, pero el encuentro fue imposible; se negaron a dar información, alegando falta de autorización. Sin comedor, la escuela atiende a más de 500 niños, desde preescolar hasta sexto grado. Coletos, cepillos, material de limpieza, tizas, bolígrafos, marcadores y papel de oficina son donados por padres y representantes, ya que el Ministerio de Educación eliminó estos beneficios hace años.

Muchos esperaban que en las vacaciones previas al año escolar 2026-2027 se reestructurara el plantel, pero la promesa se evaporó. Los niños reciben clases en salones hacinados que no reúnen condiciones mínimas: pintura desboronándose en las paredes, y al caer la noche, el plantel queda sumido en oscuras tinieblas.

En La Rinconada, la escuela no es solo un edificio en ruinas; es el espejo de un abandono que perdura seis décadas, donde la comunidad resiste con las manos desnudas.

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