
Más de veinte familias en los sectores de Las Palmitas y La Grúa, parroquia Simón Bolívar de San Félix, enfrentan una crisis ambiental y sanitaria a causa de las inundaciones provocadas por la crecida del río Caroní y Orinoco.
El agua, que desborda una alcantarilla ubicada en la calle Negro Primero, inunda las viviendas y se mezcla con aguas negras, causando un hedor insoportable y la proliferación de plagas que acechan a los residentes.
El desbordamiento proviene de una alcantarilla que desciende desde Las Palmitas y atraviesa parte de la comunidad La Grúa, luego desemboca en el antiguo muelle de ferrys y chalanas.
Basura y escombros acumulados en la alcantarilla impiden que las aguas circulen adecuadamente, generando que se represen y afecten ambas comunidades.
Frente a esta emergencia, algunos de los damnificados fueron acogidos por vecinos o tuvieron que buscar refugio en casas de familiares, a la espera de que las aguas del río Caroní y Orinoco bajen nuevamente a niveles seguros.
Aguas negras y blancas
La situación se agrava por la contaminación de aguas servidas que terminan siendo vertidas a la quebrada que desemboca en el río.
Yeselis López, habitante cercana al mercado municipal nuevo, tuvo que abandonar su casa debido a las inundaciones y el incremento de plagas que afectan la salud, especialmente la de su hija de 11 años, quien sufrió complicaciones por dengue.
Ella describe la mezcla de aguas negras con las del río como una fuente constante de fetidez, debido a que muchas viviendas desembocan sus cloacas directamente en la alcantarilla del sector.
Aunque autoridades de la gobernación y la alcaldía visitaron la zona y efectuaron una fumigación el mes pasado, no han vuelto a realizar acciones de mitigación que ayuden a controlar la situación.
Quebrada Las Palmitas
A ambos lados de la quebrada que desciende de Las Palmitas existen viviendas construidas sin control, muchas de ellas sin acceso a redes sanitarias adecuadas. Residuales y desechos humanos caen directamente en la quebrada, prolongando la contaminación en todo el entorno.
Zulma Pérez, residente de largo tiempo, asegura que la crecida del río impide la circulación normal del agua, lo que provoca que el olor se mantenga hasta que el nivel vuelva a bajar. Recuerda especialmente la grave inundación de 2018 y cómo reviven ahora ese difícil episodio.
La falta de una red formal para aguas negras obliga a muchos a verter directamente sus residuos a la quebrada, agravando la contaminación.
Desperdicios
Carlos, otro habitante, señala que los mismos vecinos han contribuido a la contaminación al construir ilegalmente en las riberas y arrojar residuos sólidos y líquidos a la quebrada.
La basura acumulada empeora la situación cuando las lluvias aumentan el volumen de agua y provocan desbordes persistentes.
La comunidad hace un llamado urgente a las autoridades sanitarias para que actúen con campañas de abatimiento y control de plagas que eviten la propagación del dengue y otras enfermedades asociadas a estas condiciones ambientales tan insalubres.
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