El Teatro del Colegio Loyla Gumilla de Puerto Ordaz se transformó, de manera espectacular, en un escenario vibrante de magia, fantasía y arte para recibir la presentación del ballet clásico ‘El Cascanueces y el Rey de los Ratones’.

El espectáculo, que es una pieza central de las tradiciones navideñas universales, cautivó por completo al público asistente, brindando una noche de emociones y asombro que quedó marcada como una velada inolvidable en la ciudad.

Compromiso con la excelencia artística

La función fue organizada por la Fundación Centro de Artes Ágape (@fca.agape), reafirmando así una vez más su compromiso con la formación integral de las nuevas generaciones de bailarines de la región. 

De hecho, la puesta en escena sirvió como vitrina para la promoción de valores fundamentales tales como la disciplina, la constancia y, sobre todo, la excelencia artística entre sus jóvenes talentos.

Asimismo, la profesora Andrea Betancourt, de la Fundación Ágape, fue la responsable del montaje coreográfico, logrando además integrar en la producción a estudiantes de todos los niveles de la academia de ballet, desde las pequeñas debutantes hasta los grupos más avanzados.

Un despliegue de color y fantasía

La producción se caracterizó por un espectacular despliegue de luces, una escenografía evocadora y vestuarios llenos de color que transportaron a la audiencia directamente a un universo de fantasía navideña. 

El uso de la escenografía y los efectos lumínicos crearon un ambiente mágico, consiguiendo que el público se sintiera parte de la aventura de Clara. En definitiva, los bailarines de la Fundación Ágape se consolidan así como las grandes promesas del ballet en la ciudad.

El clásico que inspira la Navidad

El ballet “El Cascanueces y el Rey de los Ratones” es un clásico atemporal con música del ruso Piotr Ilich Chaikovski y coreografía original de Petipa/Ivánov. 

A este respecto, la pieza se basa en el relato de 1816 de E.T.A. Hoffmann, adaptado por Alexandre Dumas. 

La trama narra la aventura de Clara en Nochebuena: un muñeco Cascanueces cobra vida, la guía a un mundo mágico donde juntos derrotan al temido Rey Ratón, rompiendo un hechizo que transforma al muñeco en un príncipe. 

La historia culmina en el festivo y dulce Reino de los Confites. Además, la música de Chaikovski, encargada por el Teatro Mariinsky y compuesta entre 1891 y 1892, sigue siendo la banda sonora indiscutible de la Navidad.

Familiares, amigos y amantes de la danza acompañaron con gran entusiasmo cada momento del espectáculo, lo que convirtió la noche en una experiencia cargada de emoción y orgullo por el visible y floreciente talento local.

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