
En Villa Bahía, parroquia 11 de Abril en Puerto Ordaz, más de 500 alumnos asisten cinco días a la semana a clases en condiciones que rayan en lo inhumano. La Unidad Educativa Nacional Bicentenario de la Independencia funciona en un espacio abandonado por la empresa ATESCA, sin reunir mínimas condiciones sanitarias o estructurales para un centro educativo.
Los niños toman agua directamente de una tubería rota, comparten apenas dos baños para toda la población y, después de las nueve de la mañana, el calor en los salones se vuelve insoportable, agravado por ventiladores insuficientes que obtuvieron con sus propios recursos.
La necesidad imperiosa de una escuela en esta comunidad carenciada impulsó a padres y representantes a acondicionar hace 15 años este sitio deteriorado. En todo ese tiempo, el Ministerio de Educación no ha invertido un solo bolívar en mejoras; cada avance ha sido fruto del esfuerzo colectivo de las familias.
Hasta hace poco, la dirección operaba debajo de la única mata de mango que ofrece sombra durante el recreo, mientras una empresa donó un pequeño espacio para cocina y oficinas administrativas. Recientemente, con recursos del Consejo Federal de Gobierno, consejos comunales aprobaron en asambleas la construcción de dos aulas urgentes –para primer y sexto grado, con unos 30 alumnos cada una–, demostrando la voluntad comunitaria ante la indiferencia oficial.

Bajo anonimato por temor a represalias, varios padres denunciaron el hacinamiento extremo en salones reducidos e inadecuados. Los niños se apiñan en aulas calurosas donde solo el compromiso de los maestros mantiene viva la enseñanza diaria, pese al bochorno que azota pasadas las nueve de la mañana. Dos ventiladores por salón resultan insuficientes para más de 30 alumnos, y no existen canchas deportivas ni áreas de recreación seguras como en otros colegios de la ciudad.Tanto niñas como niños hacen cola ante los dos únicos baños disponibles, sin acceso a agua tratada, beben del tubo roto, riesgoso para la salud.
Además, la hora de recreo se vive con zozobra: por un costado del plantel transitan vehículos pesados sin que exista cerca perimetral que proteja a los pequeños. El terreno alberga una invasión irregular, incrementando los peligros cotidianos para esta población vulnerable que clama por dignidad educativa básica.

Este medio, soynuevaprensadigital.com, intentó obtener pronunciamiento oficial de los directivos, pero el personal de la escuela no estaba autorizado a hablar. La unidad cuenta con cocina para preparar alimentos, aunque carece de comedor adecuado; una ONG donó un sistema de filtrado de agua que yace inoperativo por falta de fondos para instalación. Delincuentes han irrumpido repetidamente, robaron bombonas de gas, intentaron saquear la cocina y despegaron un transformador eléctrico sin lograr llevárselo.
Padres y representantes califican el problema de infraestructura el cual abarca necesidades básicas como saneamiento, seguridad y confort de grave e inhumano para sus hijos.
Exigen que inspectores del Ministerio de Educación visiten Villa Bahía para constatar de primera mano la precariedad y prioricen la construcción de una escuela digna que reúna condiciones óptimas para impartir conocimiento en esta zona. El abandono estatal persiste, pero la resiliencia comunitaria sostiene la esperanza de cambio.
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